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4/2/2026
Un pacto con el diablo, precandidatos y precampañas

Un pacto con el diablo, precandidatos y precampañas

También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando. Max Weber en “La Política como Vocación” (1919)

Fecha de publicación:
27 de julio de 2023, 03:34

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    Por: Bernardo León-Olea

    Las campañas políticas han comenzado, los precandidatos y sus respectivas coaliciones están enfrascados en una lucha por el poder que permitirá la utilización de todas las armas disponibles en el arsenal para quedarse o para hacerse con el poder.

    No es precisamente una lucha por cambiar o sostener determinadas políticas públicas, los precandidatos tienen ideas muy superficiales sobre lo que hay que hacer para detener el cambio climático, ofrecer seguridad y justicia, desarrollar la economía o abatir el eterno problema de la pobreza, es más bien una lucha por controlar el poder del estado y sus enormes privilegios.

    Max Weber en su libro La Política como Vocación, precisaba que no es los mismo el Estado que una sociedad política, el Estado es sin duda una sociedad política pero no solo eso, la diferencia específica de una sociedad política y el Estado es sin duda el uso monopólico de la violencia legitima. Al parecer, sin el monopolio de la violencia el Estado pierde todo sentido y razón de ser.

    La violencia legitima es el medio específico de la política, aunque muchos dirán que es el consenso, el diálogo, los presupuestos, el derecho incluso, sin embargo, sin el respaldo de la violencia legitima (Weber dixit) una sociedad política no es un Estado, sino que está instalado en la anarquía en su sentido más exacto.

    Dicho lo anterior, Weber planteaba un dilema ético para quienes quieren dedicarse a la política, básicamente que están aceptando usar el poder del Estado (la amenaza o el uso efectivo de la violencia legítima) para lograr sus fines, sean buenos o malos.

    Y eso nos lleva a la vieja discusión sobre los medios y los fines que Weber plantea sin hacerse muchas ilusiones, afirmando que ninguna ética del mundo puede evitar el hecho de que la consecución de fines “buenos” tenga que utilizar medios moralmente dudosos que además generen consecuencias colaterales malas y que ninguna ética del mundo puede demostrar cuánto y en qué medida un fin moralmente bueno justifica medios éticamente dudosos y sus consecuencias colaterales malas.

    El problema es mucho más complejo de lo que parece; hay políticos convencidos de su ideología, de lo que creen y actúan con base en lo que Weber llamó la “ética de la convicción” es decir, a una especie de ceguera que no mide las consecuencias de sus convicciones (que pueden ser malas o buenas), en cambio el político que prioriza la “ética de la responsabilidad” prioriza las consecuencias de sus actos por encima de sus convicciones. La tensión entre ambas, en la política, no la determina el bien o el mal, ni sus efectos colaterales sino la meta eficiente de obtener el poder y utilizarlo para sus fines.

    ¿Es éticamente correcto consolidar a MORENA, aunque esto implique destruir la democracia, el INE o la Suprema Corte? ¿Es éticamente correcto violar la legislación electoral para que la oposición sea competitiva en el proceso electoral de 2024? ¿Es ético instalarse en la normatividad sin responsabilizarse de sus consecuencias?

    Algunos actores políticos están instalados en la ética de la convicción sin percatarse de los “poderes diabólicos que están en juego” y otros en la ética de la responsabilidad, pero como dice Weber, ni todo lo bueno que hagan producirá el bien, ni todo lo malo el mal, que no haya equivocaciones se está luchando por el poder (la violencia legitima) y todos los que están en esa lucha ya hicieron su pacto con el diablo.

    Por eso, desconfiar del poder, de quienes lo ostentan y de quienes lo buscan, es un axioma de cualquier individuo o sociedad que precie su libertad. ¿O seremos niños políticamente hablando?

    Bernardo León-Olea

    Politólogo y abogado, activista por la libertad y el acceso a la justicia. Secretario técnico del gabinete de seguridad pública y nacional y responsable del proyecto de reforma penal 2000-2005, comisionado municipal de seguridad de Morelia 2015-2018, redactor del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica 2018-2019. Autor de cinco libros sobre seguridad y justicia. Convencido de que la justicia internacional acabará con los dictadores y con las guerras.

    Fecha de publicación:
    27 de julio de 2023, 03:34

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