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Comunidades en Guanajuato bajo el agua una vez más, ante indolencia de autoridades y empresas
Municipios del Suroeste del estado afrontan reiterados embates del agua sin prevención de desastres y con escasa ayuda; funcionarios acudieron “a tomarse la foto”; comunidades suman hasta cuatro inundaciones graves en 18 años
Fecha de publicación:
9 de septiembre de 2021, 02:14
Texto, fotografías y videos: Edith Domínguez
Producción documental: Juan José Plascencia
Miles de habitantes de comunidades de Abasolo sufren el embate del agua por cuarta vez desde el año 2003 y se lamentan de que autoridades municipales, estatales y federales los han dejado prácticamente solos. Así lo están viviendo en Estación de Abasolo, Santa Cecilia y Huitzatarito, todas de ese municipio.
El martes 7, el alcalde priista Samuel Cruz Chessani, la presidenta del DIF Estatal Adriana Ramírez, el secretario de Desarrollo Social y Humano Gerardo Morales Moncada, así como Gerardo Trujillo, director del DIF Estatal y el titular de Protección Civil del estado Antonio Güéreca Pérez acudieron a la zona afectada, caminaron por una calle inundada, se tomaron fotografías y videos y se retiraron.
En Huitzatarito, pobladores reclamaron a los funcionarios estatales y al alcalde Samuel Cruz Chessani que no se les hubiera advertido a tiempo por parte de Protección civil sobre la inminente inundación y denunciaron que la entrega de despensas “no es pareja”.

Pero para Gerardo Moncada, secretario de Desarrollo Social y Humano, la atención “la han brindado antes, durante y después”. Dijo que la falta de mantenimiento a los drenes le corresponde a la Federación; “es un tema federal, es un tema hidráulico y es de mantenimiento y también de la lluvia que llega del cielo nadie puede hacer mucho (sic)", fueron sus palabras.
Una fotografía de funcionarios del gobierno del estado y del municipio caminando por unos minutos entre las calles inundadas no le sirve a la población damnificada de estas comunidades para atender la problemática de años que nadie ha prevenido y mucho menos resuelto. Por el contrario, hay afectados que tendrán que volver a empezar, dicen, mientras esperan para regresar a sus viviendas a limpiar.
Gerardo Negrete tiene 52 años viviendo en la comunidad Estación Abasolo. Ha superado las tres últimas inundaciones fuertes de la zona, la primera en el 2003. En esta cuarta, como en las anteriores, tendrá que volver a empezar solo, sin el apoyo de la autoridad.
El panorama es desolador; mientras maneja su camioneta de modelo antiguo en la que carga una bomba charquera para sacar el agua de su vivienda, platica que perdió muebles y la siembra de alfalfa. “Se me va a echar a perder, apenas este año comencé a cortar y ya caminé con esos 15 mil pesos" y como siempre las autoridades lo han dejado solo. "Sí se cansa uno, pero a ver qué pasa; es una friega andar sacando cosas, que se rompió el ropero...son pérdidas, si quieres volver a tener tu casita tienes que comprarla nueva".
Ahora venderá unas borregas "para volver a sembrar". Recordó que una administración en el pasado quiso reubicarlos, pero la casa que ofrecían era muy pequeña, "todo una vida aquí sí duele… de qué sirven mis palabras (al gobierno)". Pide que desazolven los drenes y ríos porque hace años no lo hacen.
Así, el desbordamiento del Dren Abasolo ha dejado sin hogar a más de mil familias.

El dolor de Gerardo lo conoce a la perfección Gabriela Gutiérrez, quien desde las vías del tren mira su casa y sus pertenencias en medio del agua en la comunidad Estación Abasolo. El lunes alcanzó a sacar a sus hijos, algunos muebles, los animales, pero no las camas, colchones y otras pertenencias. Ella, como otros habitantes, creyó en la autoridad municipal; el alcalde priista Samuel Cruz Chessani les mandó decir a través del delegado que "no había nada de qué preocuparse, que todo estaba bajo control”. Después, el agua los arrasó.
A sus 35 años, Gabriela ha vivido cinco inundaciones, hoy espera que no llueva más porque las casas no aguantarán y se agotan los refugios con familiares.
Los afectados han quedado a la buena voluntad de los gobiernos, pues explican que la Comisión Nacional del Agua no les quería prestar las bombas charqueras para sacar el agua. El martes, Gabriela regresó para tratar de salvar otras pertenencias, pero le fue imposible.
Ante la ausencia de las autoridades, fueron habitantes de otras localidades quienes dieron muestras de solidaridad, al llevar comida y agua a los afectados. “Nos llevaron una torta, un chocolate, un bolillo, porque (para las) autoridades tenemos que irnos al albergue, si no, nos dan; (eso) nos los dijo la esposa del gobernador" Adriana Ramírez, en la breve visita del martes 7.
El mismo martes, el alcalde priísta visitó la comunidad de Santa Cecilia (24 horas después de las inundaciones); ahí dijo “nos preocupa el tema de salud, viene mucha gente que se les agradece que vengan con alimentos para los afectados, pero lo que preparen que lo hagan con cuidado para que no se contagien (de COVID)", pero eso poco importa a los afectados, quienes pernoctan a la orilla de la carretera para cuidar de lejos las pertenencias que dejaron en sus casas el ganado y los animales domésticos que cuidan entre todos, lo que les impide irse a los albergues porque allá les resulta imposible.

Candelaria, también de Estación de Abasolo, vivió la falta de empatía por parte de algunos elementos del Ejército Mexicano; dice que militares llegaron para tomarse la fotografía al cargar un tambo y le dijeron que luego regresarían con más ayuda, pero al volver pasaron de largo. La ayuda se necesita con urgencia. "Ni quisieron subir el tambo a la camioneta". Después hubo otra cuadrilla del ejército que sí ayudó a sacar muebles y comida.
La casa de Candelaria es de un piso; al techo subieron algunas pertenencias, pero como el agua seguía subiendo de nivel, optaron por sacar las que pudieron, "las cosas que pusimos arriba no creo que se salven, no deja de llover".
También su familia volverá a comenzar cuando pase la inundación. Siente tanta tristeza al regresar a casa y ver sus pertenencias entre el lodo. Vender su propiedad no está en la mente porque "nadie comprará" allí donde se inunda. Allí donde ha vivido siempre.
En la comunidad de Santa Cecilia y Huitzatarito (también de Abasolo), decenas de personas se vieron afectadas, algunos han perdido sus pertenencias, otros alcanzaron a salvar con la ayuda de los vecinos algunas cosas. Juan, vecino de la zona, denunció que llegó personal de Cruz Roja y Protección Civil del municipio y con una lancha ayudaron a varias familias, pero a las 6 de la tarde del lunes se retiraron “porque terminó su horario laboral”.

En Irapuato y Cuerámaro, más damnificados
La madrugada del mismo martes, el agua comenzó a meterse a los hogares de la comunidad La Soledad de Irapuato. Al menos 75 casas se inundaron.
Afectados explicaron que hace cinco años, con la instalación de la planta de la empresa Gillette, el dren que pasaba a un costado fue cambiado del trayecto original; "lo desviaron a la izquierda, no tiene niveles, está muy encima y esto ha ocasionado las inundaciones”.
A ello le suman que el desfogue del mismo canal que da al río está obstruido, porque construyeron unas bodegas y los tubos que instalaron son de diámetro pequeño, por lo que cuando llueve fuerte el agua no puede salir y entra a las viviendas.
Otra comunidad afectada fue el Nacimiento, donde el agua subió hasta los 50 centímetros.
En Cuerámaro la situación también es compleja para habitantes de las comunidades Sarteneja, Las Coloradas, Ramales y Santo Domingo: el agua se metió a casas y están anegadas zonas agrícolas.
En Pénjamo, el Río Lerma se desbordó y el agua ha comenzado a inundar las calles. Familias de la calle Margen del Río de la comunidad de Santa Ana Pacueco comenzaron a evacuar la zona la noche del martes. Algunas subieron sus muebles al segundo piso o de plano los sacaron, ante el embate del agua. Otra vez.
Fecha de publicación:
9 de septiembre de 2021, 02:14
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