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5/10/2026
De las (muchas) voces ignoradas

Autores:

Iovana Rocha
Iovana Rocha

De las (muchas) voces ignoradas

Políticos de todos los partidos, empresarios de diversos giros, y acaso la muerte, fueron los mejores cómplices de Ana Rosa Verduzco, conocida como "Mamá Rosa"

Fecha de publicación:
24 de abril de 2019, 16:24

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    Se habla de que en México existe más de 30 mil menores institucionalizados en más de 300 albergues, historias comunes y recurrentes, niñas y niños revictimizados, gobiernos ausentes y desatención de responsabilidades, instituciones sin supervisión, complicidades con particulares, ahí están y estarán para la memoria colectiva los casos de ‘Mamá Rosa’ y el ‘padre Pedro’, la primera en Zamora, Michoacán, el segundo en Salamanca, Guanajuato, ambos personajes cercanos al poder.

    Políticos de todos los partidos, empresarios de diversos giros, y acaso la muerte, fueron los mejores cómplices de Ana Rosa Verduzco, conocida como ‘Mamá Rosa’, la polémica propietaria del albergue para menores huérfanos ‘la Gran familia’ un espacio que comenzó a funcionar en 1954 hasta acumular más de 60 años contados en irregularidades.

    Rosa Verduzco murió en un hospital privado en la ciudad de México a los 84 años el pasado mes de junio, en sus últimos momentos, la rodeaba como lo hizo toda su vida la impunidad y la metaprotección de un Estado que una vez más falló a todo principio de justicia y a un cúmulo de niños y niñas que vivieron bajo el cuidado de ella todo tipo de vejaciones. Un proceso legal que inicio en el año 2014 y que sólo reprodujo los mayores vicios de un sistema de justicia mexicano que funciona ‘a modo’. Están en la cárcel otros, los consentidos. Adultos que llegaron siendo niños y que crecieron ‘bajo su protección’ hasta ser una extensión de ella y su oscura personalidad. Ellos, al menos cuatro, siguen pagando en sus sentencias, incluso, lo que ella debía.

    Era el sexenio de Peña Nieto, la cobertura mediática, el aparatoso rescate de más de 450 menores, las denuncias por abusos sexuales, violencia, maltratos, golpes y condiciones del lugar dejaron como únicas víctimas, una vez más, a los cientos de niños, niñas y jóvenes que sin mayores protocolos fueron reubicados en otros albergues, en algunos casos, y que a distancia de los años sus testimonios e irreparables daños forman parte ya de la ausente e ignominiosa memoria.

    Muchos de ellos y ellas fueron reubicados en otros (cuestionables) albergues de donde escaparon al poco tiempo, otros tantos, se sabe se suicidaron. Algunos más vagan por las calles de este país, otros sobreviven en medio de terribles recuerdos que hacen imposibles presentes, unos tantos, los menos, se hacen cargo por sí mismos de sus circunstancias.

    Entre estos últimos está Juan, un joven de 28 años que aparenta mayor edad, de aspecto delgado, casi esquelético, tiene poco cabello y una dentadura incompleta. Apenas hace algunas semanas nos conocimos en una suerte de coincidencias, es dulce e introvertido. Apenas esboza sonrisa, aún no ubico como ocurrió, aún lo repaso, pero en una primera conversación después de hablar de música el espacio y el momento dieron cabida a su imperiosa necesidad de compartir sus recuerdos. Lo hace para sanar, según dijo y le creo, pero también para dar veracidad a quienes no fueron, no han sido escuchados. Su sobrevivencia ‘le obliga’, en sus palabras, a seguir gritando por quienes ya no pueden hacerlo… ¡Mamá Rosa fue una criminal!, y yo le creo.

    Rosa Verduzco. Fotos: especiales
    Rosa Verduzco. Fotos: especiales

    Su voz, vivencias y testimonio lo legitiman frente a una serie de intelectuales Krauze, Meyer, Sicilia y hasta Poniatowska que en su momento se atrevieron a criticar operativo y hasta a defender a la señalada. Juan vivió ahí 8 años, yo le creo.

    Una de muchas familias

    "…Nosotros éramos cinco hermanos, yo el segundo, entre cada uno nos llevamos solamente un año de diferencia. Mi madre era alcohólica, mi padre nos abandonó. Mi abuela, una mujer que no sabía leer ni escribir, de un día a otro se quedó con nosotros, a ella llegaron los rumores de un lugar ‘cuidado por madrecitas donde se hacían cargo de niños y había música’. Cuando escuché esto último me emocioné con la idea de que mi abuelita nos llevara a ese lugar, yo era un niño de 10 años entonces y recuerdo que pensé ‘ahí seré mejor’ en la calle no hay alternativas".

    …Mi abuelita nos llevó, aceptó firmar un documento que después sabríamos era para obligarnos a estar en ese lugar hasta cumplir los dieciocho años. Había dos patios, uno donde tomábamos clases de música y demás clases, en el otro era donde estaban los dormitorios ‘donde estaban los que no hacían nada’. Tres pisos, al final de cada pasillo había laminas para que nadie se escapara. También había herrería y barrotes ‘para que no hiciéramos hoyos’. Muchos lo que hacían era conseguir seguetas y trabajar de noche, al día siguiente había que escapar. Porque si te descubrían ‘nos encerraban en la pieza de pinocho, chinga segura’. Este lugar era un dormitorio antes, pero después se convirtió en el espacio de los castigos, hasta una semana o más te dejaban ahí sin comer, sin tomar agua, según dijera la jefa, mamá Rosa. Si el castigo debía ser mayor, te metían al baño del cuarto de Pinocho, un lugar más pequeño y lleno de heces…

    Cuando Juan pronuncia por primera vez el nombre de la jefa, mamá Rosa se agacha y comienza a rayar el piso con una piedra, una notoria ansiedad se apodera de él. Y entonces, a su semblante de joven viejo, se le aumentan los años. A mi pregunta de por qué el ‘cuarto de Pinocho’, me explica que cada habitación tenía caricaturas, en ese cuarto había un dibujo del persona de pinocho… no es una película que quiera ver en mi vida.

    …Yo nunca estuve encerrado en ese cuarto, yo cumplía con mis deberes, con golpes y todo, pero los cumplía. Mis hermanos sí estuvieron ahí. Uno de los días que me fue peor fue cuando me quise escapar. Fue un día normal, pero con mayor desesperación que el resto de los días, tenía ya 18 años y sentía que ya nada tenía que hacer en ese lugar. Me fui al segundo patio, me escondí en un patio, era yo más flaco que ahora ¡imagínate cabía en un piano! Le pedí a un compañero que pusiera una cobija en mi cama ‘en forma de casita’, a las once era la hora para escaparse porque los guardias cambiaban turnos*….*Alguna vez ayudé para que otros se fueran, lo hacía haciendo ruido, con algunos instrumentos que teníamos para tocar para visitas para que no se escuchara como ellos escarbaban paredes para escapar, hacía todo el ruido que podía. Antes de verme descubierto, otros compañeros me amarraban para simular que se habían escapado sin mi ayuda.

    El primer patio, el de las visitas

    Juan recuerda con especial nitidez a Vicente Fox y a Marta Sahagún. El acceso a este tipo de visitas lo administraba ‘Mamá Rosa’ solo estaba permitido el primer patio. El de las clases, el que tenía pisos limpios, ventanales completos, la luz natural, el espacio más bonito. Al que llevaban a los menores con uniforme perfectamente limpio y nuevos, los que daban cuenta del impecable uso de las millonarias sumas donadas. El dinero que lava la conciencia de unos cuantos.

    "…había ensayos especiales, sobre todo cuando vino la reina Isabel. Fueron días y días de ensayos, el único alimento era pan duro, lo remojábamos con agua. No supe de pan suave hasta que me escapé…"

    En ese lugar tocaba la orquesta de niños y niñas, entonces para las visitas la labor ameritaba derroche de halagos a la regordeta benefactora, al final entre las despedidas y en medio de la euforia musical, llegarían nuevos cheques. Los menores volverían a sus cuartos pestilentes, no sin antes devolver los uniformes que solo les eran prestados para la simulación.

    La comida que les era donada por grandes establecimientos les era revendida por la jefa a los niños que podían pagar por ella, la minoría. Con los juguetes ocurría lo mismo. Muchos de ellos conseguían recursos a cambio de aceptar todo tipo de proposiciones de los consentidos, los cuidadores que cometían todo tipo de abusos con el aval de la jefa.

    Una conversación con la jefa, ‘mamá Rosa’

    Juan reconoce la voz y la presencia de la jefa. Recuerda en particular el día que habló con ella. Fue cuando su abuelita fue a buscarlos, entonces la jefa le mandó llamar para explicarle:

    "…vivieron por ti y tus hermanos, pero yo le dije a tu abuela que no estaban aquí, que los habíamos mandado a la playa. Ella decidió por nosotros, por todos los que estábamos ahí. "

    El negocio era redondo. A los que jóvenes y niños que eran músicos jamás los dejarían salir, aunque siempre asistían custodiados, ellos eran los que les generaban los mayores ingresos. Ella cobraba por cada presentación bajo el argumento de que eran recursos para reinvertirlos en la educación y alimentación de los albergados. Una mentira más.

    …tenía marcapasos la jefa, entonces ella no podía ir a segundos pisos. Sabía que nos pegaban, pero no sé si sabía todo lo que ocurría. Había lugares que nunca pisó, solo los cuidadores, los consentidos… Varias veces le dijimos lo que nos ocurría, pero jamás nos tomó en cuenta, entonces ellos nos partían la madre…
    …cuando nos veía golpeados apenas decía ‘hablaré con ellos’. Nunca lo hizo o a lo mejor sí, porque nos iba peor después de salir de su habitación…

    Un día en ‘la Gran Familia’

    La jornada iniciaba a las seis de la mañana y concluía a las 6 de la tarde, hora que era obligatorio que todos estuvieran dormidos encerrados en nuestra jaula.

    …A escondidas podíamos jugar. E incluso había quienes pudieron ingresar una televisión, obvio todo era pasando dinero a los cuidadores.
    …Si alguna chica le gustaba a los cuidadores debía andar con ellos. Mi hermana no aceptó. El guardia me amarró y obligó a que todos me pegaran, el que no lo hiciera le iba peor. A quien no me diera con fuerza le sacaban sangre…

    Parte de la rutina diaria era la noticia o el testimonio de que al menos alguien buscada suicidarse cada día. Algunos lo lograban, los que no seguirían intentándolo. Otra parte de nuestros días era saber quién de nuestras compañeras estaba embarazada, a quien la dejarían continuar o a quienes les sacarían a sus hijos.

    Cuando llegamos a este punto de la conversación Juan me confiesa después de un tembloroso suspiro, es la primera vez que hablo de esto, me siento relajado, el miedo se me está escapando…¡jamás me imagine que pudiera hacerlo!

    …*Cuando murió la jefa me avisaron. No sentí nada. Pero tampoco quise acudir. Algunos ex compañeros me pidieron que fuera a tocar el violín, no quise. No le guardo rencor, le agradezco los golpes a lo mejor los merecía o no sé, pero no me atrevo a odiarla aunque quiera, aún muerta le sigo teniendo miedo….

    Al término de nuestra conversación, Juan regresa a tocar el violín, es su medio de vida y fuga existencial habitual… sin la música no hubiera podido sobrevivir a la jefa.

    PD. Hay lecciones que siguen sin ser aprendidas, apenas el pasado 20 de abril, también en Guanajuato, un periódico de circulación estatal señalaba “…El hombre de 42 años que abusó sexualmente de dos niñas que eran ‘cuidadas’ en la Casa Hogar del Niño Pobre en Celaya, fue detenido…”. Más de diez menores fueron asegurados.

    Fecha de publicación:
    24 de abril de 2019, 16:24

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