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El diablo viste de nuevo: la incomodidad de volver a donde ya no somos los mismos
Hay regresos que no buscan continuar una historia. Buscan comprobar si todavía somos capaces de sentir lo mismo...
Fecha de publicación:
6 de mayo de 2026, 02:11
Hay regresos que no buscan continuar una historia.
Buscan comprobar si todavía somos capaces de sentir lo mismo.
The Devil Wears Prada 2 aparece casi dos décadas después de The Devil Wears Prada con una promesa implícita: reactivar una emoción que en su momento funcionó con precisión. El mundo de la moda como escenario, la figura de la editora implacable como eje de poder, la joven aspirante enfrentada a un entorno que la seduce y la rechaza al mismo tiempo.
Nada de eso ha desaparecido.
Pero algo sí cambió.
El espectador.
La incomodidad de ver una segunda parte no proviene únicamente de la comparación inevitable con la primera. Proviene de una ruptura más silenciosa: la distancia entre la persona que fuimos cuando vimos la historia original y la que somos ahora.
Las grandes secuelas —The Godfather Part II, Shrek 2— no funcionan porque repiten una fórmula. Funcionan porque entienden que el tiempo modifica la mirada. No regresan al mismo lugar: lo expanden, lo tensionan, lo contradicen.
Aquí ocurre algo distinto.
La película no parece interesada en reescribir su propio universo, sino en confirmarlo. Retoma los códigos que funcionaron, reconstruye la dinámica que el público reconoce y se instala en una zona segura donde la narrativa avanza sin arriesgar demasiado.
Y en esa decisión aparece la incomodidad.
No porque lo que vemos sea incorrecto.
Sino porque se siente detenido.
El problema no es la nostalgia.
El problema es cuando la nostalgia sustituye a la propuesta.
Volver a un mundo que marcó una época implica una responsabilidad narrativa: no basta con recuperar sus elementos. Es necesario preguntarse qué significa ese mundo hoy. Qué ha cambiado en él. Qué se ha vuelto irrelevante. Qué resulta incluso problemático visto desde el presente.
La industria de la moda que antes se percibía como aspiracional hoy se observa con mayor distancia: estructuras de poder más cuestionadas, dinámicas laborales menos romantizadas, una relación distinta con la idea de éxito. El personaje que encarnaba autoridad absoluta ya no se recibe de la misma forma. La joven que aspiraba a pertenecer tampoco se lee igual.
Sin embargo, la película parece no dialogar del todo con esa transformación.
Permanece.
Desde la periferia, lo que incomoda no es que la historia regrese.
Es que no se pregunte por qué.
Las secuelas que realmente importan entienden que el paso del tiempo no es un obstáculo, sino un material narrativo. Trabajan con la memoria, pero también con la pérdida, con el desgaste, con lo que ya no puede repetirse de la misma manera.
Cuando eso no ocurre, el regreso se vuelve una simulación.
Una versión reconstruida de algo que funcionó… sin asumir que el contexto que lo hizo posible ya no es el mismo.
Hay algo particularmente revelador en este tipo de propuestas: no buscan sorprender, buscan reconectar. Pero reconectar no siempre implica avanzar. A veces implica quedarse en un punto donde el pasado sigue siendo más cómodo que el presente.
Y eso dice tanto de la industria como del espectador.
Porque aceptar este tipo de historias también responde a una necesidad: la de volver a un momento donde las reglas parecían más claras, donde los personajes ocupaban lugares definidos, donde el conflicto tenía una forma reconocible.
La secuela no solo repite una narrativa.
Repite una sensación.
Pero las historias —como las personas— no pueden sostenerse únicamente en lo que fueron.
El riesgo de volver sin transformarse es evidente: convertir la memoria en un producto, la experiencia en una fórmula, la emoción en una repetición.
Y en ese punto, la pregunta deja de ser si la película funciona.
Se convierte en otra:
qué tan dispuesto está el espectador a aceptar
una historia que no ha cambiado…
cuando él ya no es el mismo.
*Es autor de la novela 30 Días en Cana. Cuenta con estudios de interpretación artística de cine, por la Universidad Anáhuac de Querétaro.
Fecha de publicación:
6 de mayo de 2026, 02:11
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