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El iluminado
La revolución de las conciencias ha vuelto inmune a la población frente a los populismos religiosos centrados en un líder carismático, por lo que el proyecto partidista de Verástegui habrá de fracasar. Verás que sí.
Fecha de publicación:
12 de septiembre de 2024, 16:59
Como Moisés al bajar del Sinaí, Eduardo Verástegui cerraba la cumbre anual de la CPAC en un ambiente ceremonioso, ante una audiencia expectante que lo veneraba como el elegido para terminar con “la dictadura”. Si bien su discurso no tuvo la estructura ni la puntualidad de un decálogo, ciertamente abarcó una variedad no menor de temas: trata infantil, comunismo, globalismo woke, teorías conspirativas y una sarta de arengas patrióticas. Lo mismo aprovechó para cargar contra la derecha “tibia” que para pronunciarse en defensa de la familia tradicional, llamando finalmente a la construcción de un nuevo partido político verdaderamente conservador.
Y así como su discurso, la ideología de Verástegui es un amasijo de planteamientos muy generales -por no decir vagos- con posiciones dogmáticas, todo cubierto bajo un manto de religiosidad. Es un neocristero en todo el sentido de la palabra; un reaccionario que se rebela contra la laicidad (por ende, contra la libertad de culto) y en favor de los mal llamados “derechos religiosos”, que no es otra cosa que volver a juntar la política con la fe. Hijo bastardo del sinarquismo, pretende imponer una especie de teocracia sustentada en el catolicismo más ultramontano, pero sin ninguna base popular, recurriendo en cambio a las élites. Liberal en lo económico, conservador en lo político, el surrealismo de su pensamiento soslaya Mateo 6:24 al conciliar a Dios y Mammón.
Verástegui es el típico líder sectario: carismático, atractivo, elocuente, persuasivo, ¡y encima actor! Instrumentaliza la religión para manipular a la gente mediante el uso estratégico de narrativas, valores y rituales, disfrazando su agenda como una “batalla espiritual” entre el bien y el mal. La Psicología de las Sectas (Brainwashing Theory) sugiere que esta clase de personas se cubre de un halo místico para ocultar sus verdaderas intenciones, y aunque soy crítico de este tipo de enfoques, he de admitir que en este caso se aplica la perfección. Emulando a San Pablo, el exKairo se ha rodeado a sí mismo de mitos: el de una historia de conversión luego de una vida banal en el mundo del espectáculo, y una supuesta castidad voluntaria que ha durado cerca de 20 años. Se siente llamado a cumplir una misión divina que incluye -por alguna razón- la presidencia de México. “Delirio mesiánico” se le conoce. Sería un buen momento para que Enrique Krauze reescribiera su célebre ensayo y le cediera el título de “Mesías tropical” que en otro momento atribuyó a López Obrador.
Por lo demás, su propuesta ideológica no tiene realmente nada de original: sus posturas “pro-vida”, su defensa de la familia tradicional y los roles de género, su libertarismo económico, etc., no son más que un copy-paste de la ultraderecha internacional de moda. Aprendiz de Milei, se vale de un popurrí de falacias, lugares comunes y frases hechas (algunas de ellas plagiadas). “Verás que sí” no es un principio ideológico, sino un slogan de marca personal, síntoma de su megalomanía. Parece que su devoción por Dios no es tan grande como el amor a sí mismo.
¿Qué extraña fuerza impulsa a la gente de la farándula a dar el salto a la política? Es algo que la academia aún debe responder. Por lo pronto, baste decir que no estamos frente a un líder ideológico ni mucho menos intelectual; no, se trata de un iluminado, o más bien deslumbrado… por los reflectores, los aplausos, la fama y la fortuna, al igual que muchos otros (como Musk) que un buen día tuvieron una epifanía y decidieron súbitamente que eran ellos quienes debían regir sobre el destino de los demás, pobres mortales.
Lejos de esta visión delirante, la gente tiene en la Cuarta Transformación un proyecto político, no una profecía, y en López Obrador a un líder ideológico, no a un mesías. La revolución de las conciencias ha vuelto inmune a la población frente a los populismos religiosos centrados en un líder carismático, por lo que el proyecto partidista de Verástegui habrá de fracasar. Verás que sí.
Fecha de publicación:
12 de septiembre de 2024, 16:59
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