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El poema como itinerario y aprendizaje: No soy el único de Daniel Hurtado
Hay una discusión sobre la buildinsgroman que me interesa; sobre el tema del crecimiento y el interés que suscita para...
Fecha de publicación:
30 de mayo de 2026, 21:04
Hay una discusión sobre la buildinsgroman que me interesa; sobre el tema del crecimiento y el interés que suscita para la literatura, mejor dicho. Dicen los que estudian los casos de la novela de crecimiento que es la forma en la que las generaciones presentes pueden acercarse a la lectura en un territorio paralelo al de los clásicos o al de los best sellers. Veo sentido en la afirmación. Mucho del recorrido de los personajes de los segundos tiene que ver con la peripecia y estructura de la novela de formación y aprendizaje.
La convención de explorar el estado de juventud y sus escalones sentimentales y físicos como temas literarios se puede deber a que es el lugar al que más fácil se acerca un joven escritor o escritora, cuando la vida está por suceder y la fantasía, ese territorio de la imaginación, se ve trastocado por la realidad; es un espacio -ya dije-, de fantasía o de inminencia en el que se avecinan cambios, acontecimientos. El mundo de la vida pone a prueba al joven de modo tal que no lo deja indemne sino listo para contar cómo ha sobrevivido -y a qué costo- ante las primeras escaramuzas en donde siente o sabe o intuye que es alguien.
Por una parte la estructura y sus formas actuales y, por otra, la naturalidad con la que, cada texto de formación es, también, un ejercicio de realismo que captura épocas conviven en el texto de crecimiento, lo colocan como un objeto de lectura y de imitación en la propia escritura. Al que lee la peripecia de alguien que se le parece le asalta un de ver dan ganas, y escribe o cuenta su propia experiencia.
Lo cardinal al respecto es que, sea desde el plano de la ficción, la autobiografía o el testimonio -Pienso en el lance de autoconciencia que significa Yo soy mi casa de Pita Amor o Estatua de sal, de Salvador Novo- se explora desde esa convención literaria la constitución del yo y la conciencia del desplazamiento de ese yo, un itinerario. Quiero decir que ese yo que se atomiza en textos -de la naturaleza que sea- vive la máxima de aquel joven poeta que decía “Yo es otro” y devela o mira o entiende.
En ese sentido, escribe textos de formación tanto el que ya no es joven y ha escapado a la carcelaria frustración de quererlo todo y poder nada, y evoca o restituye; escribe también el joven que cruza -en ese tiempo de escritura, como un registro delirante- el campo del presente colmado de las angustias como hinojos que es estar creciendo y temer, con horror existencial, qué ha de venir y hace crónica de sí. Cualquiera de estas escrituras cumple cabalmente la máxima que yo leía en En los Reinos de taifa de Juan Goytisolo, pero que es de Pavese: “La literatura es la defensa frente a las ofensas de la vida”.
Pienso, en específico esta vez, en un poemario cuyo itinerario se ajusta a la revisión de la educación sentimental, el lenguaje y el desplazamiento del yo, características del texto de formación del que hablo.
Desde un punto que parece simular el otro lado del puente, Daniel Hurtado propone una serie de poemas confesionales en No soy el único. La curaduría de esos poemas hace visible un tránsito hecho, como algo que ha pasado y del que se ha sobrevivido, a partir del que se extrae pensamiento crítico de la propia existencia. Se ve con ojos de extrañamiento tanto como estar frente a pruebas y negativos que reconoce, con sorna o con piedad, momentos catárticos puestos en escena, como en imágenes congeladas frente a las que se merodea y se las cuestiona.
Publicado por Los libros del Perro en 2024, una editorial independiente que acumula años de trabajo y títulos de interés como Falsa muda de Giselle Ruiz o Los hombres nunca reciben flores de Zel Cabrera, el libro reúne, en cuatro apartados, la experiencia de ser diferente y enfrentarse al “sentido común” desde el que parte.
Se trata de la poesía que apela al coloquialismo y a una materia vital para ejercer el pensamiento crítico frente a ciertos sucesos escogidos. Hurtado, poeta de Michoacán que actualmente es becario PECDA, aprovecha la idea del hombre cabal de su entorno cercano para hacerlo trizas con gestos irónicos que, en términos retóricos, se aparecen como remates precisos o distanciamientos extrañados -también irónicos- dentro del poema. Hurtado elige el coloquialismo porque apelar a situaciones conocidas, casi con sentido de relato en las escenas, le permite también ejercer el atinado y justo lance hacia la parodia.
Acude a la puesta en escena para dejar ver que ha pasado por las pruebas de fuego de ser un “hombre”, y ha fallado, con mucho orgullo.
Lo que tenemos en No soy el único es una poesía que se para frente a la condición homosexual y la hace chocar con un cuadro de costumbre que la rechaza y es así como la vive, desde el extrañamiento. El poemario, pues, resalta el extrañamiento ajeno -y el propio- y el contraste decanta en un lirismo cuyo ritmo se acerca a la copla, práctica la silva y juega a la anáfora para decir, con tropos y ritmo, la autoconciencia a la que llega a través del poema.
La primera parte del poemario merodea situaciones en donde el personaje que recuenta acude a pruebas de honor o de masculinidad como, por ejemplo, en “Ovejas Arcoíris”, una silva donde enlista las cualidades y la expectativa, y las rompe con un gesto:
Patear una pelota
te hace hombre,
ser tosco
te hace hombre,
sentarte con las piernas abiertas
te hace hombre,
acomodarte los genitales en público
te hace hombre,
tener muchas mujeres
te hace hombre.
Y yo
escribo poemas.
Hay dos giros que quisiera resaltar para proponer este poemario como un texto de crecimiento o de cambio de edad. En principio el desplazamiento del yo y la autoconciencia de la distinción. Y, por otra parte, atiende a una de las características frecuentes en los textos de crecimiento. Tiene que ver con el descubrimiento. El yo que cuenta o dicta las palabras se asume como escritor. En este caso, la aceptación -irónica si se quiere- de escribir poemas permite ver en el poemario también un texto de formación en el que el personaje protagonista acepta quién es, aunque sea un poeta.
El cambio de edad como transición le es útil a Hurtado para encajar imágenes meridianas -tragicómicas, esperpénticas y salidas de una fantasmagoría- como cuando encienden la luz al terminar la noche en algún bar. Se regodea en la educación sentimental ajena, la de los señores con los que le ha tocado crecer, y los coloca en la parodia; hace recordar al Crosthwhite en Idos de la mente:
“Sus pechos eran dos higos pequeños,
¿No te gusta? Ya sé que no eres como ellos, me decía,
¿Cómo te llamas?,
Juan Pérez, dije,
Aquí tenemos que hacer quince puntos para salir, me explicó.
Cuando el guardia dijo tiempo, yo tenía una nueva amiga.
En la mesa
mi padre borracho descansaba
como un garrafón de agua lleno de polvo
mientras mi padrino y yo nos besamos.
Es fue mi último regalo de cumpleaños” (P. 22-23)
Hay en todo texto de formación un asunto moral que el protagonista suele subvertir para salir de ahí transformado. En No soy el único, Hurtado tiene esa idea de la diferencia y se acomoda en el sitio en el que la incomodidad no es solo de la voz que la enuncia. Con este filtro revisa la experiencia y distingue, como en un texto de formación clásico, que no estaba del todo equivocado, que su perversión es también una perspectiva que dota de lucidez -y que alcanza la parodia y la ironía- frente a un estado de cosas que aparenta realismo pero que, con la voz -mirada envenenada y cuestionante- va penetrando hasta romperla; y se rompe porque era cartón piedra.
El poemario es un camino de moralidades que se alumbra a través de sus episodios para corroborar que la jaula o cárcel o paredón -moral- en la que se siente cautivo es frágil y se combate con la imaginación porque “la fantasía es un mecanismo de defensa” y con la imposición de su propio derecho a ser, esa máxima del Rosseau autobiográfico.
Es cierto que el poemario no siempre alcanza la nota de la ironía o la media sonrisa que mantenga el tono ahí, en un tono menor, y que escape al do de pecho operístico. Tiene su dosis de autocompasión y, en ese sentido, Yo soy el único, como itinerario se apega a los rasgos de un texto de aprendizaje en cuanto a que suele haber simas existenciales ubérrimas en algún espacio:
“Qué sabe nadie
la valía de arrojarse al precipicio,
si por supuesto ya costaba mucho respirar.
Maestro de provincia,
la mala paga de las mañanas
y por la noche fotógrafo de sociales.” (P. 50)
En el caso de Hurtado, las encuentra en la exploración sexual, en lugares cutres donde se cifra también la herida, la autodestrucción y la subversión y que, en términos conceptuales cobra importancia central, pues uno de los rasgos del crecimiento es la iniciación sexual, trasunto de la vida que se vive, es decir, la del deseo:
“Debería haber una lista de humillaciones:
El horror
puede ser gracioso,
la codependencia,
triste destino,
consecuencia
del abuso en la infancia.
La sobreprotección
también destruye.
Los recuerdos son heridas que nos habitan. (p. 59-59)
No soy el único es un itinerario. Por eso es que sigo bajo la premisa de que el poemario es del medio que se vale el poeta para la revisita del cambio de edad y sus huellas. Se puede colocar en el sitio de los textos de coming of age porque en el tránsito que propone hay una confrontación con el estado de cosas, que es más que un contraste; existe también ajuste de la conciencia de sí mismo a través de episodios de la experiencia, la confesión y el escarnio.
No soy el único de Daniel Hurtado se afilia, también, a una tradición lírica mexicana que explora la homosexualidad en un mundo de las cosas heteronormado y encuentra, en el gesto contrario e irónico, el rumbo poético. El libro aparece en medio de una serie de obras con los que se puede establecer una relación como Antibiótica de Ángel Vargas o Sigo escondiéndome detrás de mis ojos de César Cañedo, que han marcado pautas en la idea de exploración de la idea carnal y el dolor, la ironía y el deseo, también la devoción por el otro.
Fecha de publicación:
30 de mayo de 2026, 21:04
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