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9/4/2026
Fidelruiz1

La captura

La semana pasada vi La captura en Netflix. La empecé con cierta reserva porque la historia de Joaquín Guzmán Loera la conocemos demasiado bien...

Fecha de publicación:
2 de septiembre de 2026, 00:00

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    La semana pasada vi La captura en Netflix. La empecé con cierta reserva porque la historia de Joaquín Guzmán Loera la conocemos demasiado bien. Durante años hemos visto sus fugas, sus capturas, el túnel del Altiplano, los operativos para encontrarlo y aquella mañana de enero de 2016 en Los Mochis.

    No esperaba demasiado de una historia que ya nos han contado tantas veces. Sin embargo, cuando terminó la película me descubrí pensando en los policías que lo detuvieron.

    La película de Chava Cartas parte de las crónicas que Héctor de Mauleón publicó en El Universal después de aquella captura. Cómo atrapamos al Chapo y Veinte minutos a solas con El Chapo reconstruyen lo ocurrido a partir de testimonios y documentos de los agentes que participaron en el operativo. Esas crónicas terminaron convirtiéndose en el punto de partida para el guion de Bernardo Esquinca.

    El 8 de enero de 2016, los policías detuvieron un automóvil con reporte de robo en la carretera Los Mochis-Navojoa. Dentro iban Guzmán Loera y Jorge Iván Gastélum, El Cholo. Ellos no sabían a quién habían detenido cuando les marcaron el alto. Venían de escapar de un operativo de la Marina y habían conseguido otro vehículo después de salir por las alcantarillas de Los Mochis.

    Cuando descubrieron quiénes eran, pidieron refuerzos. Las comunicaciones por radio les generaban desconfianza y terminaron llevando a los detenidos a un motel cercano mientras esperaban que llegaran otros elementos.

    La historia de esos minutos está documentada en las crónicas de De Mauleón. Guzmán intentó convencerlos de que lo dejaran marcharse. Hubo ofrecimientos de dinero, propiedades y negocios. También amenazas. Los agentes sabían perfectamente a quién tenían enfrente y que mientras ellos esperaban podía haber otras personas intentando encontrarlo.

    La película se queda ahí.

    Alfonso Herrera interpreta a Arturo Carmona y Noé Hernández a Héctor Rosales. Son personajes ficticios que concentran la experiencia de los cuatro agentes que participaron realmente en la detención. Héctor Kotsifakis interpreta a Guzmán Loera.

    Me gustó que Cartas hubiera decidido mirar la historia desde ese lado.

    Estamos acostumbrados a que las historias sobre el narcotráfico mexicano tengan como protagonistas a los hombres que acumularon dinero y poder. Conocemos sus nombres, sus organizaciones, sus fugas y buena parte de sus vidas. El cine y la televisión han terminado construyendo personajes que, para bien o para mal, resultan familiares incluso fuera de México. 

    En La captura, El Chapo está presente, pero no ocupa todo el espacio.

    Carmona tiene problemas económicos y acepta el turno nocturno para ganar más dinero. Rosales es un policía con experiencia que está cerca del retiro. Ninguno salió esa mañana pensando que terminaría frente a Joaquín Guzmán Loera.

    Eso modifica la manera de mirar lo que ocurre en el motel. Una cosa es observar la escena desde la tranquilidad de una película y otra muy distinta imaginarse sentado frente a un hombre que puede ofrecerte una fortuna, que tiene gente armada buscándolo y que puede hacerte saber que conoce el lugar donde viven tus hijos.

    Alfonso Herrera ha contado que durante el rodaje dejó de pensar en sus personajes como héroes y empezó a verlos como dos hombres que habían salido a trabajar sin saber lo que les esperaba. Me parece que esa mirada está bien trasladada a la pantalla. No necesitan convertirse en héroes para que entendamos la dimensión de lo que hicieron.

    La historia real tampoco ocurrió exactamente como aparece en la película. Fueron cuatro los agentes que participaron en la detención y sus identidades permanecen protegidas. Algunas situaciones del motel fueron modificadas y otras fueron construidas para la película. La captura, la huida, la detención en la carretera y la espera de los refuerzos forman parte de los hechos documentados.

    No me molestó esa licencia.

    Cuando una historia real llega al cine siempre existe una frontera entre lo que ocurrió y lo que una película necesita para contarla. Mientras se conserve lo esencial, no me parece un problema que el director tome decisiones narrativas. En este caso, la tensión estaba ahí desde el principio.

    Mientras veía a esos policías esperar, pensé en Sinaloa.

    La película cuenta algo ocurrido hace diez años, pero resulta difícil verla ahora sin relacionarla con lo que sigue ocurriendo en el estado.

    En los últimos meses, Sinaloa ha vuelto a ocupar buena parte de la conversación nacional. La violencia y las desapariciones conviven con una crisis política que alcanzó nuevamente a Rubén Rocha Moya. Su regreso a la gubernatura después de una licencia terminó poco más de un día después, en medio de señalamientos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado que el gobernador ha rechazado y de investigaciones de la Fiscalía General de la República.

    No pretendo convertir La captura en una película sobre Rocha Moya. No lo es. La historia que cuenta ocurrió mucho antes de la actual crisis política.

    Pero sí me hizo pensar en la confianza.

    En la película, los policías no saben con certeza quién puede estar del otro lado. Tienen que decidir a quién entregar a Guzmán, cuánto pueden decir por radio y si los refuerzos realmente llegarán. Parte de la tensión está justamente en esa incertidumbre.

    Diez años después seguimos hablando de Sinaloa en términos parecidos. De policías y autoridades, pero también de la dificultad para saber dónde terminan las instituciones y dónde comienza el poder del crimen organizado.

    Ésa fue la conexión que hice mientras veía la película.

    La captura está teniendo, además, una respuesta que no esperaba. En su primera semana alcanzó 18 millones de visualizaciones y entró en el Top 10 de Netflix en más de 90 países. Alfonso Herrera ha contado que le sorprendió especialmente la recepción que tuvo fuera de México. Arturo Pérez-Reverte también habló bien de la película y destacó el trabajo del cine mexicano.

    Me parece interesante que una historia tan mexicana haya encontrado espectadores en tantos lugares.

    Quizá tenga que ver con que, debajo de todo lo que hace particular a esta historia, hay dos personas intentando resolver una situación que no buscaron. No necesitan que el espectador conozca todos los detalles del narcotráfico mexicano para entender el miedo que produce tener enfrente a alguien que puede poner en riesgo tu vida y la de tu familia.

    Cuando terminó la película volví a pensar en aquellos veinte minutos del motel.

    No sabemos exactamente qué ocurrió durante todo ese tiempo. Tenemos las crónicas, los testimonios y ahora una película que reconstruye aquel momento. Lo que sí sabemos es que los refuerzos llegaron y que Guzmán Loera volvió a estar bajo custodia.

    Después vinieron la extradición, el juicio en Estados Unidos y una condena a cadena perpetua.

    Los policías regresaron a casa.

    Diez años después, su historia llegó a Netflix y millones de personas están viendo lo que ocurrió aquella mañana en Los Mochis.

    Supongo que por eso me quedé pensando en ellos y no en El Chapo.

    Porque esta vez, por lo menos durante una película, la historia de aquella captura no pertenece al hombre que fue detenido.

    Pertenece a quienes tuvieron que decidir qué hacer con él.

    *Es autor de la novela 30 días en Cana. Tiene estudios de Interpretación Artística del Cine por la Universidad Anáhuac Querétaro.

    Fecha de publicación:
    2 de septiembre de 2026, 00:00

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