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4/13/2026
La escuela de la dificultad en la literatura norteamericana, Walt Whitman y Eduardo Lago

La escuela de la dificultad en la literatura norteamericana, Walt Whitman y Eduardo Lago

“Escribí este libro ('Walt Whitman ya no vive aquí') pensando en los muy jóvenes que pueden ser víctimas de este pensamiento fácil (...) Lo que hacen los que quieren vender es hacerlo fácil. Con lo difícil debes estar alerta; yo, que digo esto, llevo más de treinta años ahí, en la escuela de la dificultad”

Fecha de publicación:
6 de octubre de 2019, 15:04

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    “Este libro es un poliedro de emociones”, dice Carlos Velázquez como frase inaugural. Habla de Walt Whitman ya no vive aquí de la editorial Sexto Piso.

    Eduardo Lago, el español avecindado en Nueva York desde los ochenta, es el autor de este trabajo que le ha exigido, dice él mismo, quince años de obsesión. Cuenta cómo se publicó en México por Sexto Piso. Cuenta, mejor dicho, cómo conoció a su editor, su tocayo, Eduardo Barrasa. Ahora sabemos que en una terraza, en Barcelona, Eduardo Lago buscaba a quien tenía los derechos de la traducción de El plantador de tabaco, de John Barth, traducción que le ha exigido un lustro de empeño al propio Lago. De ahí, la edición con su prólogo de El plantador de tabaco por Sexto Piso en 2013. De ahí, La figura, el espectro, de Walt Whitman detrás de este libro que se presenta en la #51FeriadellibroAguascalientes: Walt Whitman ya no vive aquí. Es un conjunto de ensayos que recorren la imponente tradición literaria norteamericana con textos sobre David Foster Wallace, a quien entrevistó un par de ocasiones, Capote, Dikinson, Barth, Tony Morrison, Oates.

    Fotos:  Staff #51FeriadellibroAguascalientes.
    Fotos: Staff #51FeriadellibroAguascalientes.

    “La figura de Whitman tiene relación con la idea de democracia. ‘Ya no vive aquí’ es mi manera de decir que ahora la idea de democracia se ha ido. Lo que hay es un fascista en la Casa Blanca. Vivo en Estados Unidos desde hace 35 años y vivo una relación conflictiva. Vivo en una sociedad fundamentalmente poderosa”, son las palabras de Lago para situarnos ante la idea de un libro como el que presenta. Tiene escrito un prólogo, un texto que hace patente la pureza de la necesidad de quien escribe bajo sus propias tesis acerca de la literatura norteamericana. Una literatura que, bajo premisas de mercado, se ha hecho productiva, sí, pero, además, reactiva a la pura idea de la venta.

    “Si haces caso de lo que quieren los públicos, venderás, pero estarás apostando a nada lo tuyo”, consigna Lago. Explica su perspectiva frente a esta idea del panorama cultural norteamericano, poderoso y productivo. “Pero la facilidad no garantiza el progreso de la literatura más allá de la productividad,” remata, “la idea de la gran novela norteamericana es una etiqueta absurda que ha producido mucho de cualquier forma.” Lago ve una doble hélice de la literatura norteamericana. La escuela de la dificultad, complicada, es exigente pero gratificante. Sería el lado de la hélice que lo atrae; lo atrae porque distingue un momento muy interesante en la literatura gringa hacia los años setenta: que hay obras de la literatura que tienen que quedar para rato.

    Dice Lago: “Escribí este libro pensando en los muy jóvenes que pueden ser víctimas de este pensamiento fácil. A mí me ha interesado mucho el concepto de la dificultad. Lo que hacen los que quieren vender es hacerlo fácil. Con lo difícil debes estar alerta; yo, que digo esto, llevo más de treinta años ahí, en la escuela de la dificultad.

    Más que presentar un libro, el escritor español explica. Es un mentor que ha notado el interés de los lectores mexicanos por la literatura norteamericana. Inmediatamente el espectador asume el lugar de quien escucha la lección. Nos dice que ha habido una lucha por escribir la gran novela americana. “La broma infinita es la última gran novela americana. Esta pretensión ha dejado a escritores que calculan pero que, conforme pasa el tiempo, les va peor, es decir, caen al olvido. Es una ironía lo que ocurre. “Al que no calcula, parece irle mejor. Se recuerdan y se leen sus obras. La ironía, es que al que cada vez le va mejor literariamente, no puede recibir beneficio alguno porque, habitualmente, el autor ya está bien muerto.”

    Lago reflexiona sobre lo literario. Afirma que estamos en manos de la industria, pero también que el arte no se puede forzar: “el criterio de vender lo jode todo. Eso no es literatura. No lo es lo que dicen las editoriales que se vende. La gran literatura es el toque de la gracia, y sólo algunos escritores están llamados a eso. Al estudioso le interesa descubrirlo. Este libro es un esfuerzo moroso por problematizar el legado de escritores encabezados por ese Walt Whitman al que alude en el título, uno que “ya no está aquí, pero que, esperemos, vuelva,” concluye Lago mientras ofrece el libro al público.

    Fecha de publicación:
    6 de octubre de 2019, 15:04

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