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La tregua en Guadalajara: Ebrard, la FIL y el regreso del gobierno federal
Tras años de desencuentros y silencios incómodos entre la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el gobierno federal, la presencia de Marcelo Ebrard en la inauguración abrió un capítulo inesperado de reconciliación
Fecha de publicación:
16 de diciembre de 2025, 13:18
La presencia de un político de alto calibre en la mesa inaugural de la FIL no debería ser noticia, pero en México lo es.
Durante años, la relación entre la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el gobierno federal navegó entre la desconfianza, el recorte presupuestal, los protocolos rotos y declaraciones a media voz. A lo largo de la administración federal, la FIL dejó de ser prioridad, dejó de tener representación oficial y, sobre todo, dejó de recibir la misma atención que en otros sexenios.
Lo que sorprendió este año no fue el tono solemne —ya casi ritual— de la inauguración, sino el gesto concreto: Marcelo Ebrard, “el presidente en espera”, se sentó junto a la directora general de la feria, Marisol Schulz Manaut y extendió lo que ya muchos interpretan como un certificado de reconciliación. No sonó a cortesía diplomática, sino a mensaje. La feria, acostumbrada a defender su independencia cultural, ahora recibía una señal de armonía desde el poder central.
Durante los años de mayor tensión, el gobierno federal evitó pronunciarse con claridad sobre la feria. Hubo cancelaciones discrecionales, apoyos que se diluyeron, desencuentros con el programa internacional y una sospecha permanente: la FIL parecía vivir en un territorio cultural que no le pertenecía del todo a la Federación.
Se habló de que la feria estaba “tomada” por intereses particulares, por agendas políticas, por intelectuales que no simpatizaban con el gobierno en turno. La retórica, como suele ocurrir en México, terminó convirtiéndose en obstáculos administrativos, presupuestos congelados y una presencia federal mínima en los actos oficiales.
Este año, sin embargo, Marisol Schulz Manaut hizo algo que no siempre se valora lo suficiente: gobernó la feria desde la calma. Señaló puentes en lugar de zanjas. Guadalajara respondió. No hubo estridencias ni discursos incendiarios. Sin proclamas ni frases de ruptura, la directora logró algo poco usual en la cultura mexicana: un ambiente de armonización institucional. Eso, en la FIL, es mucho más que una simple buena organización. Es un acto político.
Ebrard, el hombre que sabe estar en los momentos donde se construye narrativa, apareció justamente cuando la FIL necesitaba un interlocutor visible. No es casualidad.
Su trayectoria política está marcada por la negociación, el cálculo y la capacidad de abrir puertas cuando otras las cierran. Exjefe de Gobierno, canciller, operador discreto de acuerdos internacionales, Ebrard aprendió a jugar con el tiempo y a esperar el tablero adecuado. En Guadalajara, supo dónde estaba el símbolo: una feria que, año tras año, convoca a miles, genera titulares y refleja el pulso cultural del país. No hay mejor espacio para anunciar un gesto político que la industria editorial más importante de América Latina.
Conviene recordar que Ebrard fue el artífice de la relación con Estados Unidos durante uno de los periodos más tensos en materia migratoria. Fue también quien supo convertir ciertos momentos diplomáticos en capital político. Su presencia en la FIL le permite ahora otra cosa: colocarse en el discurso de quienes creen que México necesita volver a hablar con la cultura sin miedo y sin sospecha. Una reconciliación simbólica, sí, pero no menor: el poder federal vuelve a la feria, aunque sea a través de él.
El ambiente de este año no tuvo estruendo. A cambio, tuvo algo más raro: serenidad. Un auditorio que escuchaba, una mesa donde se sonreía y una directora que gestionaba desde la moderación y el entendimiento. En tiempos de ruido y polarización, esa escena vale lo que una declaración pública.
La FIL, que ha sobrellevado sus diferencias con el gobierno federal, eligió la ruta del acuerdo. Guadalajara dejó constancia: no se trata de someterse, sino de conversar. Eso, en el fondo, puede ser el acto más político de todos.
Marisol Schulz Manaut lo logró sin dramatismo y sin titulares agresivos. La feria volvió a tender la mano. Esta vez, desde el centro del poder, alguien la aceptó.
Fecha de publicación:
16 de diciembre de 2025, 13:18
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