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Legislar sobre el agua una forma de aferrarse al círculo vicioso_2
Estimados lectores continuamos con las reflexiones respecto al trabajo de la Cámara de diputados con relación...
Fecha de publicación:
10 de octubre de 2025, 11:07
Estimados lectores continuamos con las reflexiones respecto al trabajo de la Cámara de diputados con relación a la legislación en materia hídrica, la semana pasada comentamos la iniciativa de Ley General de Aguas, específicamente en los ocho puntos como lo resumen los comunicados oficiales. Ahora nos enfocaremos a la Ley General de Aguas, una ley que debió haber sido publicada desde hace más de doce años, un ejemplo del incumplimiento por parte del poder legislativo. Así como una reforma a la Ley de Aguas Nacionales. Ahora vamos con los comentarios sobre esta última ley.
La iniciativa contempla los aspectos a considerar en la Ley de Aguas Nacionales son: 1. Se fortalece la rectoría de la Conagua; 2. Para el ordenamiento de las concesiones. No al mercado negro del agua; 3. El estado fortalece su rectoría sobre los recursos hídricos mediante la recuperación y reasignación de volúmenes; 4. Prorrogas sujetas a la valoración, en cuanto a temporalidad y características; 5. Para evitar el acaparamiento, se limita el pago a cuota de garantía por cinco años: 6. Captación de agua de lluvia y gestión sustentable a través del reuso; 7. Se crea un fondo de reserva de aguas nacionales para reasignar volúmenes; 8. Incremento de sanciones administrativas e inclusión de delitos hídricos; 9. Agua para el campo, se promueve la tecnificación del agua en el riesgo; 10. Planeación hídrica a corto, mediano y largo plazo.
Antes de continuar y abordar esos diez puntos, retomo un párrafo de la entrega de la semana pasada lo siguiente: “Es un hecho que se requiere legislar sobre el sector agua, sin embargo, la interrogante aquí es: ¿Se está legislando adecuadamente? ¿Se persiste en los mismos errores que han propiciado leyes alejadas de una realidad, que no resuelven problema alguno y en cambio aceleran la descomposición de la pretendida gestión y administración integral de los recursos hídricos? La respuesta es desalentadora en ambas interrogantes, ya que las legislaciones existentes no han solucionado los problemas y estos en cambio persisten y se reproducen”. ¿Entonces qué se debe hacer? Legislar y visualizar con pertinencia, desglosar y trabajar sobre puntos que realmente son nodales y no banales, como suele suceder.
Bueno vamos entonces a los comentarios sobre esos diez puntos: Comenzamos con el primero. 1. Se fortalece la rectoría de Conagua. En este sentido, me pregunto: ¿Vale la pena fortalecer la rectoría de la Conagua, así como es?, ¡Claro, que no!, la Conagua desde la ley de 1992, no fue en la práctica lo que se estableció en la propia, ley, no fue una entidad reguladora, la comisión fue asumiendo roles de acuerdo con la inercia e improvisaciones, supliendo vacíos de la propia administración pública federal, la Conagua se convirtió en recaudadora y constructora, no asumió el rol de regulación. Lo anterior, propicio que la propia comisión tuviera mayor presupuesto que la propia SEMARNAT, y eso lo entendió José Luis Luege quien en la administración de FOX de SEMARNAT, paso con Calderón a CONAGUA. También por ello, se formaron feudos y componendas amafiadas en torno a la Comisión Nacional del Agua.
Antes de hablar de fortalecer, primero debemos plantear que se quiere de la Conagua, qué rol de autoridad del agua, y quien sería la encargada de recaudar, no precisamente construir, sino ser responsable del proceso de ejecución de obra, que no es lo mismo que construir. Con el paso de los años, la panorámica de 1992 no es la misma hoy en día. Podríamos pensar más bien en definir y fortalecer la rectoría del sector agua, no sólo en el ámbito federal, sino fortalecer la articulación de las competencias del sector, organizando a las entidades federativas y al enorme reto que son los municipios.
2. Para el ordenamiento de las concesiones. No al mercado negro del agua. Sin duda esta es una prioridad, por ello, es imperante la necesidad de contar con una verdadera rectoría, para ello se necesita una Conagua distinta, no el fortalecimiento de una Conagua como la actual, viciada y con estrabismo administrativo. Pero se demanda una operación interinstitucional que permita poner orden, así como una reforma clara y pertinente, de lo contrario, se contaría con la una legislación y reglamentación impresionante pero inoperante.
3. El estado fortalece su rectoría sobre los recursos hídricos mediante la recuperación y reasignación de volúmenes. De manera definitiva, pero sabemos realmente que se pretende recuperar y reasignar o sólo se parte de insinuaciones, la metodología que permita conocer a detalle, debe ser revisada y controlada, evitando manipulaciones que terminen por favorecer a los cotos privilegiados en el mercado simulado pero retorcido del agua,
4. Prorrogas sujetas a la valoración, en cuanto a temporalidad y características; Este ejercicio demanda al igual determinar las ponderaciones que brinden certeza jurídica, pero también una certeza técnica, pero no para el presente sino para un futuro, pasemos de lo indicativo a lo predictivo o adaptativo.
5. Para evitar el acaparamiento, se limita el pago a cuota de garantía por cinco años: Sin duda, pero no sólo es cuestión de pago, el error ha sido centrar en o recaudatorio, por ese tipo de actitudes Conagua persiste en su extravió. Las reglas o regulación y control deben ir más allá de un pago, debemos explorar otras prácticas administrativas más precisas y rígidas. Partiendo desde intervenciones o reasignaciones que realmente sean coactivas para quien hace mal uso.
6. Captación de agua de lluvia y gestión sustentable a través del reuso; También, suena bien, pero debemos focalizarlo, la conformación de la geografía del país es diversa, sus climas y precipitaciones no se diga, aquí resultaría, el diseño de una estratificación adaptable a las circunstancias y que además las precipitaciones son irregulares, son aparatosas y el volumen que se ve mediáticamente puede engañarnos, el agua de lluvia debe aprovecharse, sin duda, pero el diseño y políticas deben ser pertinentes.
7. Se crea un fondo de reserva de aguas nacionales para reasignar volúmenes. Por supuesto, este fondo demanda por ello una Conagua renovada, con otras funciones y mecanismos que eviten el desvío y sabotaje.
8. Incremento de sanciones administrativas e inclusión de delitos hídricos. Aquí debe cuidarse de no caer en lo que algunos penalistas llaman “populismo punitivo”, es decir, eso de pensar que, por elevar penas, los delitos se acaban, y aquí entro a lo que he denominado en entregas anteriores, como “populismo hídrico” que combinado con el populismo punitivo se convierte en un enredo de grueso calado. La ponderación debe ser por el diseño de políticas públicas, pero de verdad políticas públicas, nos perdemos en la saliva de denominar a toda ocurrencia gubernamental en política pública desde hace algunas décadas. El diseño administrativo debe buscar la eficiencia y la inclusión de otros actores que eviten la incidencia de delitos que vulneren al sector agua en toda su dimensión.
9. Agua para el campo, se promueve la tecnificación del agua en el riesgo. Eso tampoco se pone en duda, pero ¿Algunos cultivos son pertinentes? Claro que no, aquí el apoyo es conocer la verdadera huella hídrica, el impacto negativo, y que en aras de la seguridad alimentaria, no se explote el agua, cuando los problemas derivan de una corrupta red de especuladores y coyotaje, así como una deficiente política de distribución de alimentos, prácticas tóxicas que afectan a la población vulnerable.
10. Planeación hídrica a corto, mediano y largo plazo. Este tema aparece con frecuencia, el problema es, de verdad de saber que es la planeación, las autoridades desde hace décadas, lo ven como un juguetito, la planeación de conformidad con los artículos 25 y 26 constitucionales es una herramienta normativa y obligatoria, a la cual nadie toma en cuenta, salvo algunos funcionarios que están dispersos, además, existen vendedores de espejitos que se lucen repitiendo cifras como loros, pero que lamentablemente es una planeación indicativa que nos refleja el pasado, no el presente ni futuro, reitero lo que he mencionado en otras entregas, se demanda una planeación adaptativa y predictiva, modelos dinámicos que verdaderamente aporten elementos para una mejor y auténtica gestión y administración del agua, a su vez, para una mejor rectoría del agua.
Estimados lectores, no olviden la importancia de emprender políticas y acciones que permitan que en México el agua nos alcance.
Comentarios: saalflo@yahoo.com
Fecha de publicación:
10 de octubre de 2025, 11:07
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