
Autores:

Malestar invisible: sobretecnificación
El decrecimiento plantea que la eficacia no radica en la dimensión, en la rentabilidad o en la complejidad, sino en el poder de una herramienta o técnica para hacer más con menos
Fecha de publicación:
4 de febrero de 2020, 15:04
En días pasados llegó a mí una nota periodística, por demás intrigante, cuyo mensaje esencial era el siguiente: los catastróficos incendios en Australia, que por meses devastaron millones de hectáreas y acabaron con cientos de millones de animales, se habrían podido evitar mediante el sistema de quemas controladas que practican de forma milenaria las comunidades aborígenes australianas, llamadas también quemas culturales (cultural burns). En resumidas cuentas, el planteo era que, a todas luces, y si se cuenta con la destreza precisa, los incendios pueden apagar incendios.
Las quemas culturales aborígenes o quemas controladas indígenas funcionan eliminando la acumulación de combustible natural (hojas, ramas, pastos y otros materiales orgánicos secos en el suelo) de forma periódica, evitando así que los incendios fortuitos sean más devastadores. También se sostiene que algunos tipos de semillas solo se activan con el calor de un incendio moderado; en este sentido un fuego controlado contribuye a la salud de los bosques. Desde el inicio de la colonización de Australia, las quemas culturales se han dejado de emplear de manera paulatina; la técnica se encuentra en un progresivo desuso y en peligro de desaparición. Según Gary Nunn, quien escribe para la BBC, Richard Thornton afirma que “ni un solo aborigen se sienta en la junta del Centro de Investigación Cooperativa sobre Incendios Forestales y Riesgos Naturales que él administra”[1].
Hoy, sin embargo, resurge la idea de recuperar las quemas culturales. Voces aborígenes y no aborígenes están llamando la atención con respecto a la idea de que el sistema de quemas culturales podría haber evitado el impacto de los megaincendios en meses anteriores. En el fondo, el control del Estado sobre el mantenimiento de los bosques –claro está, también del racismo de estirpe colonial que sobrevive– canceló el recurso a una técnica tradicional con miles de años de experimentación. Dicha práctica estatal encubre una discriminación técnica que hoy deriva, en parte, en una crisis socioambiental como nunca se había visto en Australia. El mundo miró perplejo cómo ardía un país producto del cambio climático global, pero también como resultado de la sobretecnificación y sus efectos contraproductivos.
La sobretecnificación, a nuestro entender, es un proceso en el que, en busca de mayor eficacia –en este caso para el control de los incendios y el cuidado de los bosques por parte del Estado–, se pierde control sobre las técnicas empleadas y sobre sus resultados. Si la tecnificación busca la eficacia de los métodos implementados para llegar a un fin, la sobretecnificación la desborda transgrediendo sus propios límites. En el caso presentado, la búsqueda de orden y control sobre el uso del fuego por parte del Estado volvió contraproducente su objetivo inicial: erradicar los incendios. A mayor monopolio del cuidado de los bosques por medio de técnicas burocráticas, científicas y profesionales, mayor olvido y desaparición de otras técnicas igual o más importantes. Esa es una definición del monopolio: la eliminación de la alternativa. El monopolio técnico es el dominio de una técnica sobre otras disponibles.
Jacques Ellul en su libro “La edad de la técnica” (The Technological Society) –un clásico ya para el decrecimiento– plantea que nuestra civilización es característica porque la técnica se ha vuelto autónoma y ha invadido todos los campos de la vida, incluso al ser humano mismo. En la búsqueda de una mayor eficacia y, por ende, de un mayor progreso, la excesiva racionalización de las distintas esferas de la vida ha vuelto contraproducentes las técnicas empleadas para hacer llevadera la existencia [2]. En el caso presentado arriba la solución es muy clara: el uso moderado de incendios periódicos controlados limita el riesgo de incendios devastadores. ¿Pero qué hay de esas otras esferas de nuestra sociedad donde sobretecnificación y contraproductividad se vuelven un binomio indisoluble?

Pongamos por caso la alimentación, un caso paradigmático de la sobretecnificación y la contraproductividad. De manera esquemática y hasta un tanto simplona podemos decir que los alimentos procesados y enlatados son resultado de una histórica industrialización del ciclo de producción y consumo de alimentos en la sociedad capitalista. La industria alimentaria se presenta a los consumidores como la única opción para hacer que los alimentos sean más baratos, inocuos y abundantes. No obstante, hoy casi nadie podrá negar, por las mareas de información disponible, que los alimentos enlatados dañan más la salud de los consumidores, son desperdiciados en cantidades exorbitantes en las cadenas de distribución, son altamente contaminantes y eliminan la posibilidad de la autoproducción. La sobretecnificación de la alimentación la hace contraproductiva desde la Revolución Verde a mediados del siglo XX, dañando considerablemente la salud de las personas y del medio ambiente, y sin garantizar la distribución universal de alimentos.
Se producen toneladas de comida industrial y tóxica que los pobres no ven pasar por sus mesas, pero cuando llega, lo hace en forma de un coctel de agroquímicos, antibióticos y hormonas. La existencia misma de alternativas productivas como la agroecología y la permacultura quedan fuera del horizonte técnico. Y es que el monopolio técnico tiene un componente de poder político, económico, racial y de clase que es innegable.
Otro tanto podría indagarse acerca de las políticas de seguridad en nuestro país, tanto más cuanto que existen casos como el de los caracoles zapatistas en Chiapas y Cherán en Michoacán en donde la seguridad se ha desburocratizado –cuando no propiamente, desestatizado– y ha recuperado un relativo control comunitario y asambleario, reduciendo, al mismo tiempo, la violencia en muchas de sus formas –particularmente hacia las mujeres– e incrementando el cuidado de sus bienes comunes naturales (claro, sin estar exentos de contradicciones o de amenazas externas) [3].
Estos casos sirven para comprender que no necesariamente las técnicas más complejas son las más eficaces, pero adolecemos de megalomanía. Piense en el crecimiento urbano y las políticas de ordenamiento territorial. En la medida en la que las ciudades crecen, los costos de vida se encarecen. Las personas migran a las grandes ciudades en busca de una mejor calidad de vida, para que, pasado un tiempo, las ciudades se vuelvan masas gigantes de concreto con horas-tráfico de por medio entre el descanso y el trabajo. Quienes pueden costearlo, salen los fines de semana para pasar un par de días fuera del bullicio de la ciudad donde eligieron vivir; muchas veces un lugar muy similar en el que vivían una o dos generaciones atrás.
La mejor técnica –dice Ellul– no es la más elaborada, científica o exclusiva, sino la más eficaz. Pero la eficacia se mide desde ya hace un tiempo en función del mercado y no de las personas. Adquiere un componente de clase, en cuanto que las personas con control de las técnicas dominantes –sean alimentarias, sanitarias, educativas o políticas– sólo pueden ser aquellas con los medios para adquirirlas (vía el mercado o el cabildeo). El decrecimiento plantea que la eficacia no radica en la dimensión, en la rentabilidad o en la complejidad, sino en el poder de una herramienta o técnica para hacer más con menos. Ya ha dicho André Gorz que si aspiramos a una sociedad distinta, una sociedad liberadora más allá de cualquier “ismo” realmente existente, habremos de cambiar de herramientas [4]. Si los efectos contraproducentes de una técnica son más que sus beneficios, la técnica debe ser cambiada.
Referencias
[1] Nunn, G. (2020, 14 de enero). Incendios en Australia | "Los arbustos deben arder": la milenaria técnica que proponen los aborígenes para controlar el fuego. BBC. Sydney. Tomado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51097195 ; Aquí otra liga de interés: Allam, L. (2020, 18 de enero). Right fire for right future: how cultural burning can protect Australia from catastrophic blazes . The Guardian. Tomado de: https://www.theguardian.com/australia-news/2020/jan/19/right-fire-for-right-future-how-cultural-burning-can-protect-australia-from-catastrophic-blazes
[2] Ellul, J. (2003). La edad de la técnica. España: Octaedro.
[3] Gasparello, G. (2018). Análisis del conflicto y de la violencia en Cherán, Michoacán. Relaciones. Estudios de historia y sociedad. 39 (155), pp. 77-112. Tomado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-39292018000300077#aff1 ; San Martín, N. (2019, 28 de diciembre). Mujeres zapatistas enseñan que otro mundo sin feminicidios es posible. Proceso. Tomado de: https://www.proceso.com.mx/612470/mujeres-zapatistas-ensenan-que-otro-mundo-sin-feminicidios-es-posible
[4] “El socialismo no vale más que el capitalismo si no cambia de herramientas”. Cita de Gorz, A. (2005). La ecología política, una ética de la liberación. Entrevista realizada por Marc Robert. EcoRev, n.º 21.
Fecha de publicación:
4 de febrero de 2020, 15:04
Explora más contenido de este autor
Descubre más artículos y perspectivas únicas
