
Autores:

Nombrar a Liliana: memoria, archivo y la escritura contra el olvido
Hay libros que se leen. Y hay otros que se asumen como responsabilidad...
Fecha de publicación:
25 de febrero de 2026, 00:02
Hay libros que se leen.
Y hay otros que se asumen como responsabilidad.
El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza, no es una novela ni una crónica convencional. Es un acto de restitución. Una escritura que no busca cerrar una herida, sino impedir que la herida sea absorbida por la estadística.
Liliana Rivera Garza fue asesinada en 1990. Tres décadas después, su hermana decide volver al archivo, a los cuadernos, a las cartas, a las actas judiciales, a la memoria fragmentada. No para narrar un crimen —eso ya lo hacen los expedientes— sino para reconstruir una vida.
Y en ese gesto ocurre algo que desborda lo literario: el libro se convierte en una intervención ética.
La autora que escribe desde la fractura
Cristina Rivera Garza no llega a este libro desde la improvisación. Es una de las voces más sólidas de la literatura contemporánea en lengua española. Ha transitado la novela experimental, el ensayo híbrido, la poesía, la investigación histórica. Su obra siempre ha cuestionado las fronteras entre ficción y archivo, entre memoria y relato.
Pero en El invencible verano de Liliana esa exploración formal adquiere una dimensión distinta. Ya no es un juego de límites literarios: es una necesidad.
La escritora que ha trabajado durante años sobre los cuerpos desaparecidos, las voces borradas, los archivos incompletos, ahora enfrenta su propia historia. Y lo hace con el rigor que la caracteriza: sin sentimentalismo fácil, sin convertir el dolor en espectáculo.
El contraarchivo
Uno de los movimientos más poderosos del libro es su decisión de disputar el archivo oficial. En México, las desapariciones y los feminicidios no solo producen muerte; producen silencio institucional. Expedientes que duermen, investigaciones que no avanzan, nombres que se vuelven cifra.
Rivera Garza entiende que la violencia no termina en el acto físico. Continúa en la negligencia burocrática.
Por eso el libro no se limita a recordar. Reescribe el expediente. Lo confronta. Lo complementa. Lo cuestiona. La escritura se convierte en contraarchivo: una forma de decir que el Estado no tiene el monopolio de la memoria.
México y la normalización de la ausencia
Leer El invencible verano de Liliana hoy es imposible sin pensar en las miles de personas desaparecidas en México. La cifra ya no escandaliza como antes; se ha vuelto paisaje. Esa normalización es, quizás, la forma más profunda de violencia.
El libro no menciona todas las desapariciones, pero las convoca en silencio. Liliana es singular, pero no es única. Y ahí radica la dimensión política del texto: en mostrar que cada nombre tiene densidad, historia, proyectos truncos.
Nombrar a Liliana una y otra vez es negarse a que el país se acostumbre.
Escritura híbrida, duelo híbrido
Formalmente, el libro es inclasificable. No es solo memoria. No es solo investigación. No es solo ensayo. Es un tejido de voces, documentos, recuerdos y silencios.
Esa forma híbrida no es estética gratuita. Es coherente con el duelo. El duelo tampoco es lineal. Tampoco es puro. Se mueve entre la rabia, la reconstrucción, la ternura, la exigencia de justicia.
Rivera Garza no escribe para perdonar. Tampoco para vengarse. Escribe para evitar el borrado.
Más que un libro sobre violencia
Reducir El invencible verano de Liliana a un libro sobre feminicidio sería simplificarlo. Es un libro sobre cómo la memoria resiste. Sobre cómo el lenguaje puede recuperar fragmentos de una vida que el crimen quiso reducir a expediente.
Pero también es un libro que interroga al lector:
¿qué hacemos con las historias que conocemos?
¿Las convertimos en indignación pasajera o en memoria activa?
Epílogo: la literatura como responsabilidad
Desde la periferia —ese lugar donde las historias suelen ser ignoradas hasta que alguien decide contarlas— el libro de Rivera Garza confirma algo esencial: la literatura no es adorno cultural. Puede ser herramienta crítica. Puede ser acto político. Puede ser duelo compartido.
El invencible verano de Liliana no ofrece cierre. Ofrece permanencia.
Y en un país donde tantas historias desaparecen dos veces —primero en la violencia, luego en el silencio— esa permanencia es una forma de resistencia.
*Es autor de la novela 30 Días en Cana. Tiene estudios de interpretación artística del cine por la Universidad Anáhuac de Querétaro.
Fecha de publicación:
25 de febrero de 2026, 00:02
Explora más contenido de este autor
Descubre más artículos y perspectivas únicas
